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Jutbas (disertaciones)

 

 

"Revificación de las ciencias del Islam"
Obra Huyyatu Al-Islam Al-Gazali (Traducción, comentario y notas Sheij Alí Al-Husaini.)

 

Jutba 001

DESCRIPCIONES DEL PROFETA (BPDyC)

Dijo Yábir Ibn Súmrah: "El Mensajero de Allah (BPDyC) era entrecano por la parte delantera de su cabeza y en su barba, y cuando se teñía no se le notaba, pero cuando su cabellera se soltaba se le notaba. Era de abundante barba." Preguntó alguien: "¿Su rostro era como la espada (es decir alargado)?". Respondió Yábir: "No, sino que era como el sol y la luna, redondeado. Yo vi el sello que tenia entre sus dos hombros y era del tamaño de un huevo de paloma, similar a su cuerpo (en color y textura)". Anas narró: "El Mensajero de Allah (BPDyC), no era ni excesivamente alto, ni bajo. Tampoco era de un blanco total (sin trazas de rosado), ni moreno. No tenía su pelo muy ensortijado (enrulado) ni lo tenía liso (lacio)". En otra tradición dice Anas: "Era de mediana estatura, ni muy alto ni bajo, de color resplandeciente, y el pelo del Mensajero de Allah (BPDyC) llegaba hasta la mitad de sus orejas y sobre sus dos hombros". Se narra: "Era de cabeza y pies gruesos, nunca vi antes ni después nadie igual a él. Era de palmas amplias". En otra narración dice: "Era de pies y manos gruesas y cortas". Al-Burá' narró: "El Mensajero de Allah (BPDyC) era de robusta complexión, de amplias espaldas. Su cabellera alcanzaba los lóbulos de sus orejas. Lo vi una vez con un manto rojo, y nunca vi nada más bello que él". Se narra: "Nunca vi entre la gente nadie más bello que el Mensajero de Allah (BPDyC) con su túnica roja. Su cabellera se topaba con sus hombros, y era ancho de espaldas, ni muy alto ni bajo. "Yábir Ibn Súmrah contó: "El Mensajero de Allah era la boca amplia, de ojos rasgados, de piernas finas". Zábit narró: "Fue preguntado Anas sobre el teñido del Mensajero de Allah (BPDyC) y respondió: 'No era mucho lo que se teñía. Si hubiese querido contar las entrecanas de su barba o de su cabellera, lo habría podido hacer (fácilmente). En una fuente figura del mismo Zábit: "Solamente había blanco en los pelos (de la barba) de su labio inferior y en sus sienes, y era escaso en la cabellera". Anas contó: "El Mensajero de Allah (BPDyC) era de piel resplandeciente como si sus fibras (venas o entrañas) fueran de perlas. Cuando caminaba se balanceaba. Nunca toqué raso ni seda más terso que la palma del Mensajero de Allah (BPDyC), ni olí almizcle ni ámbar más exquisito que el perfume del Profeta (BPDyC)".

Entre las descripciones están éstas: 1º) Era de brazos largos; de espaldas anchas; 2º) su cabellera no era escasa pero tampoco excesivamente abundante; 3º) sus canas eran de cerca de veinte cabellos; 4º) era vigoroso de cabeza, manos y pies; 5º) era fuerte de cabeza, de barba imponente; 6º) era de sudor abundante; 7º) de mucho pelo en la barba; 8º) su rostro era (resplandeciente) como el sol y la luna, y era redondo; 9º) era blanco, como joyas de plata, de pelo ondulado; 10º) era blanco matizado de rojo (o de rosado), de cabeza fuerte... de largas pestañas; 11º) era de ojos negros; 12º) era blanco, hermoso, de mediana complexión.

COMENTARIO

De lo más importante sobre la fisonomía del Profeta (BPDyC) es que tenía un sello entre sus dos hombros, del tamaño de un huevo de paloma, similar al resto de su cuerpo en color y textura. Es decir era algo visible, sin ser una protuberancia, ni cambiar de color o de textura la piel, nada anormal, sino algo visible como el sello de agua de un papel.

Su estatura no era excesivamente alta ni baja. Su color de piel era blanco reluciente. Tenía mucho pelo en la barba, pero en general no era enrulada, sino ondulada. Tenía (BPDyC) muy pocas canas, y su rostro era redondeado. Su cabellera llegaba hasta los lóbulos de la oreja y se topaba con los hombros. Su cabeza era vigorosa, es decir gruesa, al igual que sus pies y sus manos. Sus palmas, sin embargo eran amplias. La complexión ósea, el tronco del Profeta (BPDyC), era amplia, las espaldas anchas. El mejor color con que lo vieron fue el rojo. Su boca era amplia, ojos rasgados, de color negro, piernas finas. Las canas solamente se le notaban en los pelos que nacían de su barba a partir del labio inferior, y en las sienes su cabellera no era abundante, aunque tampoco era escasa. Caminaba balanceándose, y la textura de su piel era sumamente fina. Se dice en diversas tradiciones que nunca nadie tocó una seda o un raso más terso que la palma de la mano del Profeta (BPDyC). También su aroma era más exquisito que el almizcle y el ámbar, los mejores perfumes de esa época. Sus pestañas eran largas.

LA VISIÓN DEL PROFETA (BPDyC) EN LOS SUEÑOS

Las descripciones físicas del Profeta (BPDyC) son corroboradas por la visión del Profeta (BPDyC) en sueños. Hay determinados tradiciones que se refieren a esto: "El que me ve en sueños me ha visto ciertamente, porque Satanás no adopta mi figura". En primer lugar, ver al Profeta (BPDyC) en sueños constituye una verdadera gracia. Y cuando esto sucede no se debe dudar de esa visión, pues sería dudar de la merced que Allah nos ha otorgado. Además, esos sueños presentan características extraordinarias que garantizan su veracidad, condiciones externas, y también ciertas condiciones internas del sueño que avalan la visión. Las condiciones externas se corresponden al esfuerzo de purificación y el buen proceder del que tiene esa gracia, y aumenta con los conocimientos espirituales que se adquieren en la vigilia. Las condiciones internas del sueño veraz en que se ve al Profeta (BPDyC) son ciertos rasgos especiales que aseguran la veracidad del sueño. Se puede observar algo del Profeta (BPDyC) que antes no se conocía, y verificarlo después a través de las tradiciones, como por ejemplo cierta vestimenta, la manera de caminar, etc. Por eso es importante conocer los tradiciones para certificar la veracidad del sueño.

Dice una tradición que Satanás el maldito nunca puede adoptar la figura del Profeta (BPDyC), y el Sagrado Corán expresa: ¡Por la estrella cuando se oculta!: Vuestro conocido [Muhammad] no erró ni se confundió, ni profiere nada por pasión. Ello es solamente una Revelación que se le desvela, que le enseñó el de la Fuerza ingente [Gabriel], en su forma primordial, y así se manifestó, estando en el horizonte elevado [oriente]. Y luego se aproximó, y cernió [al Profeta], que estuvo a un arco de Él [de Allah], o aún más cerca. Y Él le reveló a Su siervo lo que le fue revelado (53:1-10). La frase ni profiere nada por pasión no hace restricción alguna, tanto en la vigilia como en el sueño, porque sabemos que el Mensaje de Allah y las palabras del Mensajero Muhammad (BPDyC) son totalmente ciertas en toda circunstancia. Si él comunica algo en el sueño, es como si lo comunicara en la vigilia. La sura de José, con él sea la Paz, tampoco hace distingo entre la veracidad del sueño y la de la vigilia.

 


Jutba 02

 

SOBRE EL BUEN CARÁCTER Y LA DISCIPLINA DEL ALMA A TRAVÉS DE LA EDUCACIÓN

En resumen, todo aquello que esté ya completo, estará exento de ser producido o completado. Ello, hasta que se encuentre un ser imperfecto y se le imponga cierta fuerza para que acepte la perfección, después de haber encontrado su condición, en tanto que dicha condición está vinculada a la decisión u opción del siervo. Por cierto que el carozo de dátil no es una semilla de manzana, ni todavía una palmera, sino que se le impuso [como condición] cierta modalidad por la cual es posible que llegue a ser una palmera, si se agrega a la tierra. Pero no será nunca una manzana, ni aún con tierra. Por lo tanto, el carozo de dátil depende de la decisión u opción para que reciba cierto estado, en lugar de otro.

Así también son la ira y el deseo. Si deseamos extirparlos y reducirlos por completo, de modo que no reste de ellos ningún rastro, no podremos hacerlo en absoluto. Pero si deseamos su docilidad y su gobierno, podremos hacerlo por medio de la disciplina y el esfuerzo. Además, hemos sido ordenados hacerlo así, y ello se constituyó en la causa de nuestra salvación y de nuestra encuentro con Allah, exaltado sea. Es cierto, sin embargo, que las naturalezas son distintas, algunas son rápidas en asimilar [cambios] y otras son lentas.

La meta del esfuerzo no es erradicar por completo estas cualidades [como la ira y el deseo] y borrarlas. ¡Lejos de eso! Porque realmente el deseo fue creado por una utilidad, y es necesario en la naturaleza humana. Si el deseo de procreación fuera extirpado, se terminaría con la generación. Y si fuera extirpada la ira totalmente el hombre no podría rechazar de sí aquello que lo extingue, y quedaría liquidado. Y en tanto perdure la raíz del deseo, perdurará entonces, indefectiblemente, el apego a la riqueza, que produce deseo hasta que ello nos impulsa a apropiarnos de las riquezas. Lo que se requiere no es rechazar esto por completo, sino que lo necesario es volverlo justo, equitativo, lo cual constituye un término intermedio entre el exceso y el defecto.

En cuanto a la cualidad de la ira es necesaria la virtud del fervor, y esto consiste en que nos alejemos a la vez de la precipitación alocada y de la pusilanimidad o cobardía. En resumen, que uno en sí mismo sea fuerte, pero a pesar de su fuerza sea obediente al juicio, al intelecto. Por eso dice Allah, exaltado sea, de los compañeros del Profeta (BPDyC): Son tenaces con los impíos, compasivos entre sí (48: 29). Los describe con la tenacidad, pero esta procede exclusivamente de la ira. Y si la ira dejara de existir, dejaría de existir el Yihád [el combate espiritual]. Pero ¿cómo sería posible que [Allah] recomendara erradicar totalmente el deseo y la ira cuando los Profetas, con ellos sea Paz, no se eximen de esto, por lo que dijo Muhammad (BPDyC): "Yo soy un humano que se encoleriza, como se encolerizan los humanos"? Y era que si se hablaba ante él (BPDyC) aquello que él detestaba [por soez o insensato] se encolerizaba hasta que enrojecían sus mejillas, pero no hablaba sino lo que era justo y verdadero. A él (BPDyC) su ira no lo extraía de lo justo y verdadero. Dice Allah, exaltado sea: [Son perdonados y premiados] los que reprimen su ira y los que disculpan a la gente (3: 134), pero no dice: "Los que no tienen ira".

Así es como [Allah] remite la ira y el deseo a los límites de lo justo y equitativo, de modo que ninguno de ellos subyugue al intelecto ni lo supere, sino más bien que el intelecto sea el que lo subyugue y el que lo supere. Esto es lo que se busca con el cambio de carácter. Es posible que el deseo impere en el hombre al punto de que su intelecto no tenga suficientes fuerzas para rechazar [su influjo] que propende a las maldades que propende a las maldades. Entonces, con la disciplina se lo devolverá a los límites de los justo. Esto indica que ello es posible. La experiencia y la observación señalan esto de manera indudable.

Lo que denota que, respecto del carácter, lo deseable es el justo medio, lejos de los dos extremos, es que la liberalidad generosa es una conducta elogiable por las normas [del Islam], y es un intermedio entre los dos extremos de la dilapidación y la avaricia. Allah, exaltado sea, elogia la generosidad, y dice: Los que cuando donan no dilapidan ni avarician [o tacañean] siendo equitativos entre ambos [extremos] (25:67). Y dice, exaltado sea: No hagas que tu mano esté atada a tu cuello [tacañeando], ni la extiendas en toda su extensión [dilapidando] (17:29). Tal es la meta en cuanto al deseo de comida: lo equitativo, lejos de la gula y la apatía. Dice Allah, exaltado sea: ¡Comed y bebed, pero no despilfarréis!, ¡El no ama a los despilfarradores! (7:31). Y dice respecto de la ira: Tenaces con los impíos, compasivos entre sí (48:29).

COMENTARIO

Al-Gazali dice que aquello que está todavía incompleto puede ser completado, lo que es imperfecto requiere de perfección. Esta se produce encontrando la condición, la causa que genera su bien, en tanto sea posible de producirla por parte del siervo, que su decisión u opción puedan provocar una causa que genere su propio bien. Al-Gazali es favorable al auto esfuerzo, rechaza la predestinación absoluta, la cual predetermina todos los aspectos del ser, y se decide por un proceder libre y optativo.

Concibe como dos cualidades del alma humana a la ira y al deseo, como generadores de mal y de bien, según cual sea el resultado de su ejercicio. Afirma que no deben ser extirpados o anulados por completo, porque prestan un servicio útil al ser humano. Allah nos induce a considerarlos esto así, y nos impone realizar un esfuerzo o Yihád para superar el mal que pueda provenir de la ira y del deseo. Pero la condición para que esas dos cualidades del alma nos produzcan el bien es ponerlas bajo el dominio del 'Aql, el juicio o entendimiento.

Y en cualquier caso, en tanto que haya deseo y en tanto que haya ira, por mínimos que sean, habrá también, dice Al-Gazali, apropiación de riquezas, lo cual constituye una distinción del deseo. Por otra parte, habrá, tenacidad, o energía, o vigor en la realización de los actos.

Lo mejor es el justo medio, apartado de los dos extremos, y da como ejemplo al respecto la surah (capítulo) que recomienda no hay que despilfarrar pero tampoco tacañear, dos extremos.

La doctrina del Islam en cuanto a las virtudes humanas es que las cosas que parecen negativas en un extremo, no lo son en realidad, sino que una vez que se dominan, todo lo que el hombre presente como ira o deseo es positivo. Por el contrario, en otras doctrinas como las del extremo oriente, e inclusive cierto cristianismo, el deseo no tiene nada positivo, es maligno por sí mismo. Ascetas, sacerdotes y monjes, al tratar de eliminar el deseo no hicieron más que exacerbarlo. También se nos quiere transmitir un Jesús (P) totalmente anodino, que nunca tiene ira, en contradicción con el Jesús real que nos narran los Evangelios.

 

 

Jutba 03

 

SOBRE EL BUEN CARÁCTER Y LA DISCIPLINA DEL ALMA A TRAVÉS DE LA EDUCACIÓN

Sabe ya que el buen carácter depende del equilibrio de la facultad del juicio o intelecto, y de la perfección de la sabiduría, también de la moderación de la facultad de la ira y del deseo, y del hecho de que ésta sea obediente al intelecto o juicio, como así a las normas del Islam. Este equilibrio o moderación se logran por dos direcciones, primero por la gracia divina y la perfección de la naturaleza primordial o esencia humana, al-fítrah, de modo que el hombre sea y nazca completo en su juicio, y de buen carácter, con suficiente poder de deseo y de ira, pero habiendo sido ambas creadas en equilibrio, obedientes al intelecto y a las normas del Islam. Segundo, es posible también adquirir ese buen carácter por el esfuerzo y la disciplina, y con esto me refiero a imponer al alma las acciones que determinan el carácter deseado, por ejemplo, el que quiere lograr para sí un carácter generoso, su método será entonces que se imponga dedicarse a las acciones generosas, como es obsequiar riqueza, y no cesar de exigir ello a su alma, y de entregarse por entero a realizarlo, esforzándose a sí mismo hasta que ello se convierta en su naturaleza o carácter, y le sea fácil y espontáneo así, gracias a ello, ser generoso.

Asimismo el que desea para sí un carácter humilde, estando dominado por la soberbia, su método debe ser que se entregue por entero a las acciones de los humildes, por un extenso lapso, durante el cual se empeñará contra sí mismo, y asumir su compromiso, hasta que ello se convierta en su carácter y su naturaleza, y le sea fácil y espontáneo.

Todos los caracteres loables para las normas del Islam se logran por este camino. El objetivo es que le sea agradable realizar el acto que emane de uno. El generoso por ejemplo, es al que le deleita obsequiar riquezas, lejos del que la da con enfado, y el humilde es el que se deleita con la humildad. Pero no arraiga en el alma el carácter bueno para el Din [para la práctica islámica] en tanto no se adquieran todas las costumbres buenas, y mientras no se abandone por completo todas las acciones malas. Mientras no se dedique uno por entero, como el que anhela las buenas acciones, y se complace con ellas, y detesta las malas, y se remuerde por ellas. Como dijo el Profeta (BPDyC): "Y me fue dada la oración como consuelo". La tradición completa dice: "Preferí para mí de vuestro mundo el perfume y las mujeres, y me fue dada la oración como consuelo". Toda vez que las devociones y la renuncia a lo prohibido se practique con aborrecimiento y embarazo o fastidio, esto constituirá imperfección, y no se lograr la felicidad completa de ese modo. Por eso Allah, exaltado sea, dice: La oración solamente es grande [importante y grave] para los humildes (2:45).

Luego, tampoco será suficiente para el logro de la felicidad prometida el tener buen carácter, pero de tiempo en tiempo, deleitarse con la obediencia y aborrecer la rebeldía, sino que es necesario que ello sea permanente para toda la vida. Tampoco es admisible desechar que la oración llegue al extremo de convertirse en el consuelo [lit.: "frescura de los ojos"], ni que las devociones en general se conviertan en deleite, porque las devociones determinan en el alma maravillas todavía más extraordinarias que ello [que el consuelo]. Así, vemos como el jugador [por dinero] arruinado, debido a su falsa devoción [por el juego], es dominado por la alegría y el deleite por el juego, a pesar del estado en que se encuentra, tanto como le contraría de la gente la alegría que no sea por el juego. Sin embargo el juego quizás haya liquidado su riqueza, y destruido su hogar, y dejándole en la ruina. A pesar de ello, lo ama y se deleita con él, y esto por su prolongada afición a él, y el haberle entregado su alma durante un tiempo. Y así sucede con el criador de palomas que se pasa todo el día bajo el ardor del sol, soportando la fatiga, sin darse cuenta del padecimiento debido a la alegría que le producen los pájaros, sus movimientos, y su vuelo rondando el ámbito celeste. Todo esto es producto del acostumbramiento y de la dedicación en una misma dirección permanentemente, durante un lapso prolongado. Se puede contemplar esto entre los compañeros y los conocidos que se acostumbran y deleitan en su amistad. Y si el alma, gracias a la costumbre, se complace con el error y hacia él se inclina, cómo no le placerá la verdad si se tornara hacia ella durante un lapso, y se aplica a entregarse por entero a ella. Por el contrario, la inclinación del alma hacia aquellos asuntos detestables que están fuera de su naturaleza es similar a comer higos, siendo algo que domina a alguna gente, debido a la costumbre.

COMENTARIO

El fragmento del libro del Al-Gazali sobre la disciplina del alma, el buen carácter, establece dos polos del alma humana: Uno el del juicio o intelecto, al-`aql, que tiene por fruto la sabiduría, y otro, la facultad o potencia de la ira y del deseo, el polo negativo, pero que puede entrar en armonía con el positivo si se somete a él. Se necesita para ello de equilibrio y moderación, equilibrio entre los dos polos del alma humana, poniéndolos en su justa relación o jerarquía, y moderación en cuanto a los deseos y a la ira, que si son moderados son buenos, y si se extralimitan son negativos. No olvidemos que ambas cosas fueron creadas por Allah, y que no son malas en esencia, sino cuando su dominio resulta exagerado.

Y dice Al-Gazali que existen dos posibilidades para que el alma humana alcance su perfeccionamiento, o lo que es lo mismo, consiga su felicidad, a saber, ese mutuo equilibrio entre los dos polos, que se logra, por una parte, o bien porque el hombre nace ya con él y con buen carácter, o bien porque lo alcanza a través del esfuerzo y de la práctica de un modo de vida. Supone Al-Gazali que el modo de vida islámico, el Din, constituye el buen carácter, la perfección de la naturaleza humana, la felicidad, el equilibrio entre las dos potencias, la del juicio o intelecto, y la del deseo y la ira. Y por otra parte, supone que no todas las personas nacen con una buena condición, que la inmensa mayoría, quizás el 99%, debe seguir el camino del esfuerzo para su perfeccionamiento. Y ofrece ejemplos, el de la generosidad, uno de los rasgos del buen carácter, a la que la persona debe lograr practicándola durante un lapso prolongado, aun contra sus propias tendencias, contra la avaricia, etc. Y dice que una de las condiciones para lograr el buen carácter es que éste sea permanente, que no se practique a veces sí, a veces no, y que, además, llegue a ser deleitoso, a complacer, a alegrarnos proceder de esa manera, de modo que se haga fácil y espontáneo en nosotros, no algo dificultoso, embarazoso, fastidioso y complicado, que no queremos asumir.

Dice Al-Gazali, también, que el hombre debe comprometerse, tener un anhelo muy grande por conseguir esas cualidad loables del Din, como la humildad, la generosidad, etc., que determinan un buen carácter. Expresa: "El método será que se entregue por entero", si quiere lograr la generosidad, o la humildad, o la sinceridad, o el desapego, o la veracidad, etc., esto no debe constituir un simple anhelo pasajero, una inquietud momentánea, un cosquilleo que rascándose un poco se termina. Y entonces ejemplifica con los vicios contrarios al buen carácter, como la afición al juego, y ciertas aficiones o "hobbies", como se las llama, que la persona adopta como si fueran el Din. Muchos de esos "hobbies" o aficiones se aman tanto como se ama a Allah, y cada uno sabrá cual practica. Siempre hay algo vano que no tiene ninguna incidencia para el más allá, ni para la felicidad en este mundo, y solamente se lo sigue para tener un auge pasajero. Es necesario que cada uno se sincere consigo mismo al respecto. Si fuera bueno ser famoso y trajera la felicidad, seguramente los Profetas (P) lo hubiesen sido, y hubiesen tratado de conseguirlo. Pero ellos nos dan el ejemplo contrario, y nos enseñan, además, que los bienes que debemos conseguir son los que perduran en el más allá, al-baqiát al salihát, las perfecciones imperecederas, permanentes y no las aficiones pasajeras.

Dijo el Profeta (BPDyC): "Preferí para mí de vuestro mundo el perfume y las mujeres, y me fue dada la oración como consuelo". Destaca dos bienes de este mundo, el perfume por el cual tenemos la experiencia de un bien del más allá, porque cada uno de los perfumes, como cada uno de los colores, simboliza una realidad espiritual elevada. Lógicamente, no alude a las mujeres en general, sino a la esposa, a la madre, a la hermana, bienes que en este mundo constituyen la matriz creadora de cosas. Las malas personas ponen como ejemplo de la mujer a la mala, pero nunca dicen que son los hombres las que las pervierten y explotan, aprovechando de su ilusión e ingenuidad, que esa mujer tiene, por lo general, a los rufianes como causa de su degradación. Muchas mujeres, no todas, debido a la naturaleza femenina, pretenden ejemplificar la belleza, que se las adore por su hermosura, y entonces esa vanidad es aprovechada por gente maligna, hombres que las prostituyen y las usan como objetos de deseo. Aparte de esto, que es una excepción y no la norma, el Profeta (BPDyC) destacó el beneficio que traen las mujeres al mundo. Y por último, le fue dada la oración como consuelo, "como frescura de los ojos" se dice en árabe.

Destaca Al-Gazali también la importancia de las devociones en general para lograr el buen carácter, aplicarse a ellas, como la gente se aplica a otras aficiones que no tienen ningún beneficio. Entonces se lograr a través de la oración, o de cualquier otra devoción, no solamente el consuelo, sino maravillas extraordinarias, dice, que surgen del alma.

Por último, y como síntesis, Al-Gazali considera que uno de los principales mecanismos, el único quizás para adquirir las buenas costumbres, las virtudes, un buen carácter, es adquirir la costumbre mediante el esfuerzo, la aplicación, la dedicación, la entrega por entero a algo que se considera valioso, durante un tiempo prolongado, aún contra la decepción que uno pueda padecer, o los fracasos que pueda gustar, y las dificultades para lograrlo. Pero si realiza eso, a pesar de todas las contrariedades, y llega a integrarlo como parte de su vida, como por ejemplo la oración, y ya la necesita, y en un segundo momento encuentra en ella deleite y consuelo, como el Profeta (BPDyC), entonces llegará a un grado determinado de la felicidad en este mundo, porque eso es valioso por sí mismo, y lo llevará a apelar a algo verdadero, real, y aferrarse a ello. Por otra parte, le hará descubrir ciertas realidades que estaban ocultas para él, y que gracias a la oración se le muestran. Como dijimos, necesitar ser perseverante no hacerlo unas veces y dejar de hacerlo otras, sino sentir el anhelo, la inclinación hacia eso, y por último llegar al placer y la felicidad.

 

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